La mente procesa la información
la codifica, la almacena y la recupera como un ordenador, visto desde este
aspecto nuestro cerebro es el hardware sobre el que corren los programas que
nos permiten hablar ver, hablar o escuchar. Cuando en los años cuarenta se
pusieron a funcionar las primeras computadoras hizo imaginar a muchos: “Mañana
las máquinas conversarán con nosotros”. La industria de las
computadoras no dejó de evolucionar y, de pronto, aquellos enormes aparatos con
grandes cintas se volvieron pequeños y mucho más fáciles de operar. Un día ya
tenían un monitor y un teclado para comunicarnos con sus circuitos y hoy están
por todos lados, volviéndose indispensables.
Desde el siglo XX, el
ser humano intenta reproducir el antiguo mito de la creación. Así como, según la
Biblia, Dios creó a Adán y a Eva para no estar solo, ahora nosotros quisiéramos
crear compañeros a nuestra imagen y se mejanza. Que nos sean útiles y podamos
interactuar con ellos de una forma cercana. Pero, los robots dejaron de ser
ficción en los años ochenta, cuando brazos gigantes que se movían obedeciendo
un programa predeterminado, desplazaron a los obreros en las fábricas
automotrices de Japón. Y aunque la robótica tiene el objetivo de poner a las máquinas
a trabajar en todas las áreas posibles, esto es caro y complicado.
La inteligencia artificial (IA) puede definirse como el
medio por el cual las computadoras, los robots y otros dispositivos realizan
tareas que normalmente requieren de la inteligencia humana. Por ejemplo, la
resolución de cierto tipo de problemas, la capacidad de discriminar entre
distintos objetos o el responder a órdenes verbales. La IA agrupa un conjunto
de técnicas que, mediante circuitos electrónicos y programas avanzados de
computadora, busca imitar procedimientos similares a los procesos inductivos y
deductivos del cerebro humano. Se basa en la investigación de las redes
neuronales humanas y, a partir de ahí, busca copiar electrónicamente el
funcionamiento del cerebro.
Se han hecho cuantiosas predicciones de lo que la
aplicación de las técnicas de IA traería en el futuro; algunas podrían ser realidad
en poco tiempo y otras parecen francamente especulativas. Por ejemplo: En el
terreno de las computadoras personales, la velocidad de un procesador será
enorme y no podremos agotar su memoria, que podremos ver doblados al español con
una voz idéntica a la de los actores. Quizá ya no sean necesarios los monitores.
La red Internet, que llegará a nuestra casa a través del cableado óptico,
transportará inmensas cantidades de información que serán cargadas en nuestra computadora
en décimas de segundo. Las imágenes aparecerán instantáneamente y nos reiremos
de la época en que una página tardaba hasta 10 minutos en “bajar”.
Los estudiantes tendrán
cada vez más clases virtuales en las que accederán directamente a los bancos de
información de la universidad y se comunicarán con sus maestros sólo para
resolver dudas o exámenes. Pronto los robots comenzarán a desplazar al personal
que nos atiende detrás de las ventanillas. Una máquina podrá perfectamente
cambiarnos un cheque y resolver de manera satisfactoria las dudas sobre nuestro
estado de cuenta.
Los edificios
“inteligentes” serán comunes. Al llegar a casa la puerta se abrirá con el
sonido de nuestra voz. Sensores dispuestos en cada rincón encenderán la luz de
la habitación a la que entremos y dejarán a oscuras la que ha quedado sola, ahorrando
electricidad. La temperatura también será regulada por la computadora central
para ofrecernos un clima privado a nuestro gusto. Verbalmente activaremos la
televisión, el aparato de sonido o cualquier otro electrodoméstico conectado a
nuestra ama de llaves cibernética. Es muy probable que en
pocos años, robots cirujanos realicen complejas intervenciones utilizando el
instrumental quirúrgico con la precisión de una impresora.
Al parecer la
inteligencia artificial promete un mundo fantástico, pero ¿realmente lo será?
No sabemos a ciencia cierta cuál será el futuro de la humanidad, pero sí
sabemos que indudablemente cambiarán las relaciones de producción y quizá de
comunicación. Es altamente probable, que se agrave aún más el problema del
desempleo; que se transformen radicalmente los conceptos de ocio y tiempo
libre; que cambien las relaciones laborales entre patrones y trabajadores; que
haya una revolución aún mayor en cuanto al acceso a la información y que se
agudicen las diferencias entre países hacedores de tecnología y de aquellos
históricamente dependientes. Es casi seguro que la inteligencia artificial y el
desarrollo tecnológico subsecuente estarán al servicio de una minoría.
